Banquero, casabolsero, un “junior” en toda la extensión. Y luego voz y moral de la ultraderecha. Un día Onésimo Cepeda “vio la luz” y se ordenó sacerdote. Por fuera, la túnica; pero por dentro le quedó el alma de la élite mexicana. Rabioso opositor del aborto y de cualquier otro derecho promovido por los progresistas. Amante del golf, los puros y los vinos más caros, menospreciaba a López Obrador y se abrazaba de priistas y panistas. Lo acusaron de apropiarse de un multimillonario patrimonio y en su última andanza quiso ser candidato. Todo, siempre, a bordo de los vehículos más caros; todo, siempre, jugando a ser “sensible” con los pobres: fue Obispo de Ecatepec. Un personaje, sin duda. Uno –y quizás sea bueno– irrepetible.
Ciudad de México, 2 de febrero (SinEmbargo).– Amante del lujo, el poder y los escándalos, Onésimo Cepeda Silva fue parte de la generación de religiosos que se mimetizaron con la clase política y empresarial de México al grado de ser llamado el “Obispo de las élites”. No obstante, su vocación religiosa fue tardía, a los 33 años se ordenó luego de una desenfrenada vida como rockero, parrandero, banquero y promotor de la tauromaquia. “Se dejó consentir por el priismo y el panismo”, recordó Bernardo Barranco, sociólogo especializado en creencias religiosas y cultura.
Onésimo Cepeda falleció la noche del lunes 31 de enero a los 84 años de edad. Si bien no se precisó la causa, el pasado 9 de enero se informó que el Obispo emérito de Ecatepec había sido internado en un hospital para ser intubado luego de complicaciones por la COVID-19.
Su forma de hablar y actuar, poco propias de un clérigo, convirtieron al Obispo emérito de Ecatepec en una de las figuras religiosas más polémicas en el país. El doctor Bernardo Barranco refiere que Onésimo formó parte del llamado Club de Roma, un grupo de poder paralelo a la estructura de la Iglesia Católica muy influyente que acaparó la interlocución tanto del Vaticano como de la clase política y empresarial de México.
“El Club de Roma estuvo integrado por Girolamo Prigione, Marcial Maciel, Norberto Rivera, Emilio Berlié, Juan Jesús Posadas Ocampo y varios más. Fue un grupo de presión al interior de la Iglesia que jugó de manera paralela a la estructura del Episcopado, mimetizándose con la clase política, primero con el PRI y luego con el PAN”, explicó el experto en religión. “Onésimo es de los últimos de aquella generación de obispos que fueron amantes del poder, que creyeron que al confabularse con la clase política y empresarial del país iban a preservar o incrementar la agenda política, social y religiosa de la Iglesia Católica”.
Su vida religiosa dio varios giros dentro de la Iglesia Católica hasta convertirse, en 1995, en el Primer Obispo de la recién creada Diócesis de Ecatepec. Fue precisamente en ese lugar donde se ganó el título de “Obispo de las élites” debido a que solo atendía a gente rica y sus amigos con poder. También fue el centro de varias polémicas y llegó a tener confrontaciones con figuras de la izquierda mexicana como el actual Presidente Andrés Manuel López Obrador.
Onésimo Cepeda fue el arquetipo del “Obispo mundano”, mencionó Bernardo Barranco. “Le gustaba vivir con el refinamiento de la abundancia y se apoya en una red de relaciones de personas con altos recursos para financiarse”.
“Fue un obispo muy mundano, obsceno en algunos momentos, usaba expresiones y palabras poco propias de un representante de la Iglesia. Por ejemplo, cuando critica a los exlegionarios que denunciaban a Maciel, su amigo, les preguntó por qué tardaron tanto en la denuncia, ‘a mi se me hace que a ellos les gustaba’, dijo. Él tenía ese tipo de expresiones soeces”, detalló Bernardo Barranco.
Pero antes de dedicarse a la vida religiosa y de intentar, sin éxito, obtener una candidatura para una diputación por el partido Fuerza Por México, ya en el final de sus días, Onésimo Cepeda ocupó cargos en empresas importantes y en su currículum está el haber sido cofundador, junto con el empresario Carlos Slim Helú, de la Bolsa Inversora Bursátil, empresa que hoy conocemos como Grupo Financiero Inbursa.
“Hay varios saltos de este personaje, primero un joven reventado, rockero de los años 50 y parte de los 60. Después un empresario bursátil, ambicioso. Luego le entra al tema de la Teología y la Liberación. De ahí salta al grupo de ‘Los Carismáticos’ dentro de la Iglesia Católica, luego tuvo un nuevo reacomodo entre las élites conservadoras y participó en la Guerra Fría eclesiástica. Se alió con Marcial Maciel, Norberto Rivera, Emilio Berlié y conformó el poderoso Club de Roma y ahí se quedó, como un Obispo amante de las élites”, dijo Bernardo Barranco, autor de libros como Norberto Rivera: el pastor del poder (Grijalbo, 2017) y Las batallas del Estado laico: La reforma a la libertad religiosa (Grijalbo, 2016).